- By: CARE
- Tere Cantú
- Ago 19
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Acción colectiva e integridad empresarial: construir confianza en entornos cada vez más complejos
La integridad corporativa ha dejado de ser únicamente una cuestión de cumplimiento normativo. En un entorno empresarial marcado por una creciente complejidad regulatoria, mayores expectativas de transparencia y una exposición cada vez más inmediata a riesgos legales y reputacionales, las organizaciones necesitan construir estructuras de confianza capaces de trascender sus propias fronteras.
En este contexto, la acción colectiva adquiere una relevancia estratégica: empresas, autoridades, asociaciones, organizaciones de la sociedad civil, academia y otros actores pueden encontrar espacios de colaboración para identificar riesgos comunes, establecer estándares compartidos y fortalecer la integridad de los sectores en los que participan.
Para CARE Abogados, esta evolución forma parte de una visión más amplia del derecho corporativo: prevenir riesgos no solamente mediante normas y controles internos, sino también mediante estructuras de gobernanza, diálogo y colaboración que permitan construir entornos institucionales más sólidos.
La pregunta de fondo es:
¿Puede una organización fortalecer su propia integridad y, al mismo tiempo, contribuir a elevar los estándares del ecosistema en el que participa?
De la integridad individual a la integridad colectiva
Tradicionalmente, los programas de compliance se han desarrollado desde una perspectiva principalmente interna. Códigos de conducta, políticas anticorrupción, controles, canales de denuncia, procesos de investigación, capacitación y mecanismos de supervisión continúan siendo componentes fundamentales de cualquier estructura de cumplimiento.
Sin embargo, muchos de los riesgos que enfrentan actualmente las organizaciones no pueden resolverse exclusivamente dentro de sus propias fronteras. Las cadenas de suministro, relaciones con terceros, regulaciones sectoriales, operaciones internacionales, interacción con autoridades y nuevas expectativas sociales generan riesgos que pueden involucrar simultáneamente a múltiples actores.
Es precisamente en este punto donde la acción colectiva puede complementar los mecanismos tradicionales de compliance.
En lugar de preguntarnos únicamente cómo puede una organización fortalecer su integridad, la conversación comienza a incorporar una segunda pregunta: ¿cómo pueden distintas organizaciones colaborar para elevar los estándares de integridad de todo un ecosistema?
¿Qué es la acción colectiva en materia de integridad?
La acción colectiva puede entenderse como la colaboración estructurada entre distintos actores que comparten determinados desafíos y buscan desarrollar principios, mecanismos o estándares comunes.
En materia de integridad empresarial puede traducirse, entre otras posibilidades, en:
- Iniciativas sectoriales de integridad.
- Acuerdos o códigos de buenas prácticas.
- Marcos de colaboración público-privada.
- Compromisos colectivos en materia ética o anticorrupción.
- Mecanismos de transparencia y rendición de cuentas.
- Programas de capacitación.
- Espacios de diálogo entre empresas, autoridades y sociedad civil.
- Criterios comunes para gestionar conflictos de interés.
- Mecanismos de seguimiento de compromisos.
Su importancia radica en que permite abordar problemas que difícilmente pueden resolverse mediante acciones individuales. La integridad deja entonces de concebirse exclusivamente como una obligación interna y comienza a funcionar también como un elemento de coordinación institucional.
Acción colectiva, gobernanza y prevención de riesgos
Desde una perspectiva jurídica y corporativa, la acción colectiva no sustituye al compliance ni a las obligaciones legales individuales de cada organización. Los complementa.
Cada empresa continúa siendo responsable de identificar sus riesgos, cumplir la regulación aplicable, establecer controles adecuados y desarrollar estructuras internas de gobierno. Sin embargo, participar en iniciativas colectivas puede contribuir a comprender mejor el entorno en el que opera, identificar riesgos compartidos, anticipar tendencias y generar referencias comunes de conducta.
Esto resulta especialmente relevante en sectores altamente regulados, donde las decisiones empresariales interactúan constantemente con autoridades, asociaciones, proveedores, profesionales, organizaciones sociales y otros grupos de interés.
Por eso, la acción colectiva debe estar acompañada por una adecuada gobernanza y regulación sectorial, reglas claras de participación, mecanismos de toma de decisiones y controles que permitan gestionar adecuadamente los intereses de cada actor.
Tere Cantú: integridad, liderazgo y construcción de consensos
El sector salud ofrece un ejemplo particularmente útil para comprender la acción colectiva. En él participan organizaciones con funciones, intereses y responsabilidades diferentes: industria, profesionales de la salud, instituciones, autoridades, organizaciones de pacientes, academia y sociedad civil, entre otros.
Esta visión ha formado parte del trabajo desarrollado por María Teresa Cantú Reus, Tere Cantú, Socia Directora de CARE Abogados y Presidenta de la Alianza Ética por la Salud, cuya trayectoria profesional se ha desarrollado durante más de tres décadas en ámbitos como derecho corporativo, competencia económica, cumplimiento normativo, ética empresarial, gobernanza e integridad.
Esta perspectiva adquiere una validación externa particularmente relevante a partir de la conversación publicada por Executive Forecast, publicación especializada en executive thought leadership que trabaja con líderes y tomadores de decisión de nivel C en distintos mercados.
En esa conversación, Tere Cantú aborda la importancia de construir confianza mediante la colaboración entre diferentes actores y comparte una visión sobre los desafíos que implica generar espacios de entendimiento en ecosistemas complejos. La entrevista permite observar la integridad no solamente como un concepto normativo, sino como una condición necesaria para generar colaboración sostenible.
Desde esta perspectiva, uno de los grandes retos consiste en crear mecanismos capaces de reunir a actores con intereses diferentes alrededor de principios comunes.
Colaborar no significa eliminar las diferencias entre las organizaciones. Significa establecer condiciones para que esas diferencias puedan coexistir dentro de estructuras transparentes, responsables y confiables.
La conversación completa puede consultarse en Executive Forecast: María Teresa Cantú – Alianza Ética por la Salud, México.
La confianza también es un activo corporativo
Una crisis ética puede transformarse rápidamente en una crisis reputacional, regulatoria, contractual, financiera u operativa. Por ello, las organizaciones necesitan evaluar no solamente si una determinada decisión es jurídicamente posible, sino también si es consistente con sus principios de gobernanza y con las expectativas de sus grupos de interés.
Entre las preguntas que conviene incorporar a la toma de decisiones se encuentran:
- ¿Es consistente con nuestros principios de gobernanza?
- ¿Puede generar un riesgo legal o reputacional?
- ¿Existen conflictos de interés que debamos identificar y gestionar?
- ¿Contamos con mecanismos adecuados de supervisión?
- ¿Existe trazabilidad suficiente sobre la decisión?
- ¿Podemos demostrar que actuamos con debida diligencia?
Compliance: de cumplir reglas a fortalecer instituciones
Un sistema efectivo requiere integrar gobernanza, prevención, integridad, transparencia, gestión de riesgos y colaboración. Este enfoque transforma al compliance de una función principalmente reactiva en una herramienta de fortalecimiento institucional.
En CARE, el gobierno corporativo y el cumplimiento normativo se entienden precisamente como elementos que deben integrarse a la estrategia empresarial y a la prevención de riesgos.
¿Qué puede aprender una empresa de los modelos de acción colectiva?
Aunque muchas iniciativas de acción colectiva surgen dentro de sectores específicos, algunos de sus principios pueden trasladarse a prácticamente cualquier organización.
1. Identificar riesgos compartidos
Proveedores, distribuidores, socios comerciales, intermediarios y otros terceros pueden generar riesgos que afecten directa o indirectamente a la organización. Mapearlos permite determinar cuáles pueden atenderse de manera individual y cuáles requieren coordinación con otros actores.
2. Establecer reglas claras de interacción
La colaboración necesita estructura. Definir responsabilidades, límites, mecanismos de decisión, criterios de participación y reglas sobre manejo de información reduce ambigüedades y conflictos.
La confianza es importante, pero la confianza institucional también necesita reglas.
3. Gestionar adecuadamente los conflictos de interés
La existencia de intereses distintos no necesariamente impide colaborar. Lo importante es identificarlos, transparentarlos y establecer mecanismos adecuados para su gestión.
4. Construir mecanismos verificables de confianza
La confianza institucional se construye mediante procesos consistentes, transparencia, cumplimiento de compromisos, mecanismos de seguimiento y rendición de cuentas.
5. Incorporar la integridad en la toma de decisiones
Las organizaciones más resilientes son aquellas capaces de evaluar simultáneamente las dimensiones jurídica, operativa, ética y reputacional de sus decisiones.
Conclusión CARE: de la regulación a la confianza
La evolución del compliance apunta hacia organizaciones capaces de combinar reglas claras, estructuras sólidas y relaciones de confianza.
La regulación establece límites. La gobernanza organiza la toma de decisiones. La integridad orienta la conducta. Y la acción colectiva puede permitir que determinados principios trasciendan las fronteras de una organización para contribuir al fortalecimiento de ecosistemas completos.
En CARE Abogados acompañamos a empresas, asociaciones y actores institucionales en el diseño de soluciones jurídicas orientadas a fortalecer su gobernanza, prevenir riesgos y operar con mayor certeza en entornos complejos y altamente regulados.
Nuestra práctica de Acción Colectiva parte de una premisa: determinados desafíos requieren no solamente fortalecer el cumplimiento de cada organización, sino generar estructuras que permitan coordinar esfuerzos frente a riesgos compartidos.
Cuando la colaboración se desarrolla con objetivos claros, gobernanza adecuada, responsabilidades definidas y mecanismos de seguimiento, puede convertirse en una herramienta para elevar estándares de integridad y fortalecer la confianza institucional.
La integridad comienza dentro de cada organización, pero su impacto puede trascenderla.
Preguntas frecuentes sobre acción colectiva e integridad empresarial
La acción colectiva es una estrategia mediante la cual empresas, asociaciones, instituciones y otros actores coordinan esfuerzos para abordar riesgos o desafíos compartidos. Puede incluir códigos de conducta, compromisos sectoriales, mecanismos de transparencia, iniciativas anticorrupción, programas de capacitación y estructuras de colaboración.
No. La acción colectiva complementa el cumplimiento individual. Cada organización mantiene la responsabilidad de cumplir la regulación aplicable, identificar sus propios riesgos y mantener controles internos adecuados.
Puede contribuir a identificar riesgos compartidos, conocer mejores prácticas, elevar estándares sectoriales, fortalecer relaciones institucionales y generar mecanismos comunes de prevención y rendición de cuentas.
La gobernanza establece reglas, responsabilidades, facultades y mecanismos de supervisión. En una iniciativa de acción colectiva resulta fundamental definir quién participa, cómo se toman decisiones, qué responsabilidades tiene cada actor y cómo se gestionan los posibles conflictos de interés.
El compliance fortalece la integridad dentro de una organización, mientras que la acción colectiva puede ayudar a abordar riesgos que involucran a varios participantes de un mismo ecosistema. Ambos enfoques pueden complementarse dentro de una estrategia preventiva.
Puede ser especialmente relevante en sectores altamente regulados o con amplia interacción entre empresas, autoridades, asociaciones y sociedad civil. Su diseño debe adaptarse a las características, riesgos, regulación y estructura de cada sector.
Debe definir objetivos, participantes, estructura de gobernanza, reglas de interacción, mecanismos para gestionar conflictos de interés, criterios de confidencialidad, responsabilidades, mecanismos de seguimiento y formas de evaluar resultados.
La confianza facilita la colaboración, pero debe estar respaldada por reglas, procesos y mecanismos verificables. En materia corporativa, una estructura sólida permite que la confianza no dependa exclusivamente de relaciones personales, sino de instituciones y procesos consistentes.